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CÁMARA DE DIPUTADOS

sesiones del Senado gozarán del sueldo de $ 60 mensuales."


Siendo necesaria la aprobacion del anterior proyecto para el buen arreglo de la Secretaría de esta Cámara, el Senado espera que la que V. E. preside lo tomará en consideracion con el menor retardo posible. —Dios guarde al señor Presidente. —Cámara de Senadores. —Santiago, Julio 30 de 1839. —JUAN DE DIOS VIAL DEL RIO. —José Miguel Irarrázaval, secretario. —A. S. E. el Presidente de la Cámara de Diputados.




Núm. 605

S. S. de la Cámara de Diputados:


Doña Tránsito Morandé, viuda de don José Santiago Muñoz Bezanilla, con mi profundo respeto imploro a las altas atribuciones del Congreso para que, conforme a la parte 10 del artículo 37 de la Constitucion, os digneis acordar una pension, un socorro cualquiera a la mas desvalida i desventurada viuda i familia del ínclito patriota Muñoz Bezanilla, el primero que derramó su sangre para salvar la patria en el aciago 1.º de Abril de 1811 i que constantemente hizo la guerra a nuestros opresores, hasta que quedó asegurada nuestra Independencia en la memorable jornada de Maipo; sin que se hubiere arredrado su ánimo jeneroso por haber bebido las heces de la amargura todo el tiempo que sucumbió nuestro pais a la atroz venganza de sus enemigos. Si él entonces colgó su espada porque cesó el peligro, no por eso disminuyó su ardor que le devoraba por el bienestar i dicha de esta su querida patria.


El resto de su vida lo consagró enteramente a la cooperacion de los hombres ilustrados i libres que amaron i se afanaron por dar nuestras formas republicanas i las instituciones mas liberales que afirmasen la ventura de sus conciudadanos. Este solo afan ocupó toda su atencion, descuidando la subsistencia i comodidades de su familia, que no solo no adelantó, sino consumió todo su patrimonio. Allá a fin de su carrera pensó en la subsistencia de sus hijos, i la muerte no le dió lugar a repararla. Murió i quedaron éstos en la miseria i orfandad mas espantosa. Su pan cotidiano son las lágrimas, sin contar ni con la conmiseracion estraña. Toda su familia se compone de su infeliz viuda i cuatro jóvenes hijas solteras, sin amparo alguno, ni capacidad para valerse. Tan triste situacion me impulsó a implorar la clemencia del Supremo Gobierno en los preciosos momentos de desprenderse de la suma de los poderes que tan dignamente se le confiaron, i que supo viar con relijiosa escrupulosidad en honra solo i gloria de la Nacion. El memorial que adjunto, lo acredita. Empero, en aquellos mismos momentos mi suerte adversa quebrantó la salud de los Ministros i pasóse el tiempo oportuno. Vueltas a atar las manos del Ejecutivo con las trabas de la lei que revivía, no pudo hacer mas que indicarme a donde hallaría, sin duda, el remedio de mis desgracias. El me señaló la parte 1.ª del artículo 37 de la Constitucion por la cual corresponde a una lei dar pensiones i decretar honores públicos a los grandes servicios. S. S: el relevante mérito de Muñoz Bezanilla i mi cruel situacion, son dos circunstancias que no podrán dejar de conmoveros a emplear esta alta prerrogativa para enjugar mi llanto. Así estimulareis a los servidores de la patria a que, abandonando todo cuidado de sí i de su familia, se consagren esclusivamente al bienestar común, seguros de que la Nacion no dejará perecer en el olvido a su posteridad. Así tambien ésta os colmará de bendiciones i ciegamente volará a imitar a sus padres! ¡Feliz el pueblo que posea tales hijos i donde se recompense el mérito! Esto vale mas que todas las economías i cuantos tesoros se acumulen estérilmente. Vuestra sabiduría lo penetra bien i yo no puedo ménos que acojerme a la representacion nacional llena de esperanzas. —Santiago, Julio 18 de 1839. —Tránsito Morandé.




Núm. 606

Excmo. Señor:


Doña Tránsito Morandé, viuda de don Muñoz Bezanilla, con mi mayor acatamiento ante V. E. me prosterno invocando vuestra paternal clemencia i benignidad para que se digne estender una mano piadosa i enjugar las lágrimas de la mas desventurada viuda, cercada de cuatro infelices hijas mujeres que mas despedazan su corazon. Unida mi suerte al siempre desgraciado patriota Muñoz, con su muerte no me ha quedado mas que luto, llanto i desolacion.


Murió alejado de su familia i no he podido obtener ni sus papeles. Aunque recibí de mis padres una cómoda dote i una cuantiosa lejítima, el frenesí de Muñoz por consagrarse enteramente a la patria, lo consumió todo. Allá en su último destino, apénas le vislumbró una esperanza de mejorar de fortuna, cuando la inexorable Parca la oscureció cortando sus dias. Una mina de cobre en compañía llegó a lisonjearnos; pero apénas faltó Muñoz cuando la compañía se lo absorbió todo i hasta la Providencia convirtió en tierra la mina. Un poco de tiempo me suministraron una corta mesadita i cuanto há que cesó ésta. Desde entonces yo no cuento ni con la conmiseracion estraña; el llanto i el dolor son mis alimentos mas seguros. Para colmo de infortunio, la casa comun de habitacion que los antepasados de Muñoz dejaron a beneficio de la familia, acaba de declararse que pertenece a una tía, escluyendo a los biznietos que son las hijas mías. Sin casa, sin hogar i sin pan que partir, tal es la lamentable situacion de la viuda i descendencia del esclarecido patriota don Santiago