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cío que era necesario para conciliar ánimos i reunir voluntades. Mis esfuerzos por la libertad pública eran demasiado nobles i sinceros para que envolvieran el fin de exaltar algún partido o degradar alguna clase. Yo he mirado a todos los chilenos como una gran familia reunida por el vínculo jeneroso del amor a la Patria, e interesada en no envilecer su dignidad con disturbios entre sí.

Tiempo hacia que la Nacion deseaba la convocacion de un Congreso Jeneral, constituirse i recuperar sus derechos. La vista de una reunion de hombres que no eran elejidos por los pueblos; de una reunion que con ofensa i escándalo público se abrogaba el título i los derechos de representacion nacional, preparándose a formar la Constitucion permanente del Estado i nombrar su jefe supremo, excitó en alto grado el descontento e indignacion de los pueblos. Los de la Intendencia de Concepcion, a cuya frente yo me hallaba i que, por la larga série de padecimientos 1 trabajos que sin interrupcion habian consagrado a la libertad, ansiaban mas por la recompensa de una constitucion obra de la voluntad jeneral, se dirijian a mí como a quien debiese esclusivamente libertarlos del mal que les amenazaba. Apénas podrá describirse posicion mas crítica que en la que entonces me situaron las circunstancias. Yo conocía la justicia de aquellas reclamaciones i mis sentimientos personales eran los mismos. La libertad de Chile habia sido el objeto constante de mis fatigas, i recordaba que las primeras balas arrojadas contra los opresores de la Patria, habian sido dirijidas por mí al desembarco de Pareja, así como las últimas en la reciente espedicion de Arauco; pero debia sostener el orden, la unidad de la Nacion i no empeñarla en una desavenencia interior. Tomé el temperamento de escribir reservadamente al Director Supremo, interesando su propia gloria en que suspendiese los trabajos de la Convencion i reuniese un Congreso libre. La remision de la nueva Constitucion, para ser proclamada i jurada, fué la señal de alarma que rompió las barreras que habia yo procurado oponer al descontento público. Los ánimos exaltados, la indignacion de un ejército i de un pueblo; los avisos de ciudadanos distinguidos de la capital, todo preparaba una desastrosa guerra civil. Yo solo aspiraba al orden i a la legalidad de los pasos que se intentaban. Solicité i obtuve de aquel pueblo jeneroso que ántes de todo movimiento reuniese a los representantes de la Intendencia, a cuyo juicio i circunspeccion sometiese su ardor, dejando así lugar a la reflexion i a la consideracion de los resultados. La Asamblea Provincial se reunió i decretó que la libertad de la Nacion debia sostenerse a toda costa, dirijiendo yo las armas i los recursos de aquellos pueblos contra los que intentasen oprimirla. Proclamé entónces públicamente la necesidad de que se reuniese la Nacion en un Congreso Jeneral que la diese Constitucion i Gobiernos lejítimos. Lo espuse así a las autoridades de la capital i comenzé los movimientos que podrían proporcionar una conciliacion, huyendo siempre los desastres de la guerra civil. Toda la justicia de la causa que habia abrazado no podía borrar en mi alma la imájen horrible de la sangre de los chilenos, vertida por sus mismos hermanos. El cielo oyó los votos de los pueblos i favoreció los sentimientos de mi corazon. La provincia de Coquimbo siguió los pasos i conducta que le había señalado el ejemplo de Concepcion. Las delegaciones de Santiago se reunieron al grito jeneral de la Nacion, i el jefe, hasta entonces obedecido, conoció cuántos males evitaba a su Patria dejándola en libertad. El pueblo de Santiago, siempre magnánimo, dió el ordenado paso del 28 de Enero, i cesaron por entonces los peligros de una contienda entre el Gobierno i los pueblos; pero amenazaban los mas funestos de una guerra entre los mismos pueblos, efecto de la anarquía i de las diferentes pretensiones.

Evitar este mal fué el objeto de mi repentino arribo a las inmediaciones de Santiago, con un pequeño ejército insuficiente para obrar hostilmente o sostener aspiraciones personales; pero bastante para que, unido a la consideracion con que sin excepcion distinguía el pueblo mi nombre, me pusiese en aptitud de apartar de la Patria los males en que podría sumerjirse. Mas que prevision, era ya esperiencia que disuelto el Gobierno Supremo, las provincias tardarían en acordar el establecimiento del que debiese subrogarlo; que las pasiones se exaltarían; que las opiniones i las pretensiones se aumentarian en el entretanto i que, conservando las Intendencias su actitud armada, podrían atacarse entre sí. La de Concepcion mantenia fuerzas mas espertas, pueblos mas guerreros instruidos en trece años de batallas i sobre todo el noble orgullo de haber elevado la primera voz de libertad. Debí disminuir aquella fuerza. En Santiago un ejército formado por los cuidados i atenciones del ex-Director, podia, según indicó la Junta Gubernativa, conservar entre los soldados restos de adhesion a su antiguo jefe; convenia calmar las inquietudes i mantener en la division que traia conmigo una fuerza nuestra, pronta para contener cualquiera excitacion a un rompimiento. Creí un deber mio, un deber imprescindible, hacerme cargo de la fuerza armada para impedir desastres i sostener el órden. Solicité legalmente, como el oficial de mayor graduacion, i la Junta Gubernativa accedió con jenerosa confianza, a que yo fuese el Comandante Jeneral del Ejército que existia en la provincia de Santiago.

La misma Junta hizo en su mensaje una pintura tan enérjica como verdadera de las desavenencias i anarquía que se preparaban a devorar la Nacion. Ya abismados hasta los pequeños pueblos en disputas sobre teorías i derechos, se habia derramado la sangre chilena en las po