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RESEÑAS Y CRÍTICAS

con tristeza el escéptico dicho de Salomón, pues parece á la verdad que los sentimientos recónditos del alma, las aspiraciones del espíritu ó las impresiones de la inteligencia no puedan encontrar intérpretes más fíeles, cantores más entusiastas, amantes más decididos, que esos grandes é inmortales espíritus que se cuentan tan fácilmente desde Homero hasta Leopardi. Pero esto no es exacto. La poesía no muere, florece por el contrario eternamente. Son pocos los que en realidad sienten en sí el fuego sagrado y la mayor parte cree sólo sincera pero equivocadamente en su existencia. La mayoría de los versificadores pasa desapercibida, ó no deja tras sí sino no el recuerdo de uno de esos ruidosos pero efímeros triunfos del momento, que se asemejan á las ondas fugitivas que produce al caer en las aguas tranquilas una piedrecilla cualquiera. Los verdaderos poetas son pocos: la humanidad los cuenta por unidades, y su influencia sobre los hombres es fatal, aún cuándo en vida hayan pasado desapercibidos.

La sociedad contemporánea desdeña, con injusticia sin duda, la poesía. No es que crea que las cuerdas de la lira eterna de los poetas han producido todas las melodías posibles, sino porque en medio del positivismo intransigente de una época en que la lucha por la existencia se torna cada vez más atroz y cruel,