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Amalia D. Soler

Al escuchar tu acento, que la verdad decía,
¿qué había de hacer? hundirte en lóbrega prisión,
porque aun no era llegado el venturoso día
que España conquistara su justa redención.

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Lució una nueva aurora, volvistes á tus lares
ansiando que imperara la ley de la igualdad,
y en bosques y en colinas y á orillas de los mares
digistes que era Cristo la luz de la verdad.

Los hombres te escucharon, algunos te siguieron,
y yo también tus huellas entonces las segui:
pues tus predicaciones la convicción me dieron
que el mundo había sido un desierto para mí.

Mas como dado un paso seguimos adelante,
que así debe cumplirse la ley de progresión,
yo no encontré en Lutero exactitud bastante
para fijar las leyes que rigen la creación.

Lutero fué un gran hombre, adelantó de un modo
que su recuerdo siempre el mundo guardará,
pero si se analiza su religión del todo,
decimos: esto es poco, sigamos más allá.

Y yo seguí buscando la irradiación suprema,
el foco en que brillara la inextinguible luz,