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se cuenta del alcance de lo que escribe; no es de la empresa periodística, sometida, como toda industria, á la ley sin entrañas de la concurrencia; no es de la prensa, que desempeña su misión estrechando las relaciones sociales.

El delirio alcanza á todos. Dícese que MacKinley ha preferido una guerra á verse censurado por las hojas impresas. Nuestros funcionarios facilitan informes perjudiciales con tal de ver un celoso, antepuesto á su apellido.

Los verdaderos hombres de letras que se sientan en la mesa del café murmuran de la prensa. Tienen motivos particulares para odiarla. En esta labor del periodismo la belleza serena de la obra de arte no es posible. Se escribe con la cal y la arena del lugar común y de la frase hecha. El mármol y el granito literarios se agotaron con los clásicos. Hoy la cuestión estriba en fabricar mucho. Y á la gente de talento cuéstale gran esfuerzo resignarse á hacer del pensamiento una máquina de emborronar cuartillas.

Los que me rodean no se resignan, pero se limitan á protestar en voz baja y a dejarse obscurecer por el reporter.

La culpa es de los mismos literatos. La mayor parte son esclavos del distinguido escritor, y alguno veo que saluda á un periodista amigo, para recomendarle la publicación de un suelto, en el que se anuncie su nuevo libro.