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tación de la existencia, el «sí» á la vida de los niños sanos.

¡Los dignos de lástima son todos aquellos compañeros míos para los cuales llegarían retrasados los propósitos de enmienda!

Allá, de tarde en tarde, oigo noticias de su estado. El uno da lecciones particulares... con 75 pesetas al trimestre. El otro es abogado.... en espera de clientes. Aquél es médico de pueblo... con 1.000 pesetas al año, pagadas en centeno. Este, cura. con 7 reales diarios. Fulano, escribiente de un notario. Mengano me pide una recomendación con mucha urgencia. «¡aunque sea para guardia municipal.» A Zultano le encontré en la esquina de Fornos; llevaba cuatro horas esperando á Perengano, para pedirle cuarenta céntimos. Perengano, el más dichoso de cuantos nos hicimos bachilleres en 1887, ¡guapo chico!, logró casarse con una mujer rica; si se retira después de media noche no fuma en dos semanas... ¡á esto se llama lograr un buen partido!

Los condiscípulos de familias acaudaladas vegetan ociosa y tristemente, procurando ajustar á sus rentas los vicios que se han creado. Ninguno ha acrecentado su fortuna. El que no se ha comido su herencia está con el alma en un hilo, ¡como no se paguen los cu- pones de las Cubas tendrá que dedicarse á llevar baúles!