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seccion en el departamento que voy reseñando; pero sobre ser esta más propia tarea de un catálogo razonado, cual lo tengo imaginado, y se hará, Dios mediante, [1] no llevará V. á mal que me contente ahora con indicar que resaltan en todos los monumentos y grupos referidos las dotes características del arte y de la civilización, de que reciben su primer impulso, bastando, aun para el más ignorante, la simple inspección de los mismos, para determinar, dada la vária influencia de las formas, el origen de que todos proceden y la gran familia que personifican.

No pueden someterse á iguales condiciones de clasificación los monumentos que traen su procedencia de la Oceanía. Piden en general más detenido estudio, mayores investigaciones crítico-históricas, y más perspicuidad en las comparaciones artístico-industriales. Ofreciendo singularísimas analogías en los medios y motivos de su exornación, convidan en verdad á muy curiosas, aunque prolijas disquisiciones, cuya utilidad habrá de ser grande, si presiden á su realización la templanza y la cordura, para no dejarse arrastrar por deslumbradoras ó falaces teorías. A este trabajo deberá agregarse el anhelo de aumentar con nuevas adquisiciones Sección tan interesante, que es la menos numerosa de las que llevo mencionadas; y lo mismo conviene hacer respecto de la referente al África, que consultados los intereses de nuestra España y teniendo en cuenta la antigua influencia que alcanzó, principalmente en sus comarcas occidentales, no puede sernos indiferente, al establecer y darle el impulso que de la presente edad solicita el Museo Arqueológico Nacional.

No creo, mi excelente y docto amigo, que dadas estas breves ideas sobre lo que es ya el Departamento de las Colonias, tildará V. de aventurado el aserto que osé adelantar respecto del mismo en mi primera carta, cuando aseguraba que por lo que fué ya desde el siglo pasado demandaba detenido estudio. Ilustrándolo, engrandeciéndolo con nuevas adquisiciones y exponiéndolo convenientemente á la inspección de propios y extraños, contribuirá la España de nuestros días á saldar por completo la sagrada deuda que contrajo la España de los siglos XV y XVI, empezada sólo á pagar en

  1. Cuando el Sr. Amador de los Rios escribió esta carta, no sospechaba sin duda que dejaría en breve de dirigir el Museo de Antigüedades: la Gaceta del 17 publica un decreto que ha dispuesto lo contrario.