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lanza fuera de si, y dispersa en infinita oposición, toda la riqueza abstracta que encerraba, obligándola á pasar del estado lógico á otro estado más real; sus primeras determinaciones son el espacio y el tiempo; momentos iniciales de la idea en la naturaleza, momentos en que todavía se ve algo de la esfera lógica de donde vienen, y que, si se nos permite esta imagen, trascienden á abstracción.

Hay en el espacio y el tiempo algo de abstracto y de ideal: ni uno ni otro son materia, pero en su seno han de encerrar, y por él han de ir, todos los fenómenos del mundo físico.

Dejan adivinar, según Hegel, algo más abstracto antes, algo más concreto después: la idea lógica como precedente, la naturaleza como término inmediato de la serie. Por lo que son, indican á la vez de dónde vienen y adonde van: así tienen la vaporosa vaguedad de aquella evolución lógica en cuyas entrañas se engendraron, y á la vez la dispersión, la divisibilidad, la solidez (aunque vacía), la tendencia á ocupar y á pasar del mundo físico.

Considerados el espacio y el tiempo como primeros momentos de la idea al llegar á la naturaleza, basta dejarles seguir el impulso que su propia fuerza didáctica les comunica, para que engendren el movimiento y la materia.

No podemos detenernos á desarrollar esta deducción; pero conste que la sustancia material, y por lo tanto el átomo, á ser cierta la hipótesis hegeliana, se deducen del espacio y el tiempo; de suerte que aquellos tres términos de la escuela atómica aún se reducen á dos, idealizándose para ello el más grosero y tosco.

Y esta concepción que parecerá absurda, ó cuando menos fantástica, al que no haya meditado en estas sutiles cuestiones, sin afirmar que sea cierta, comprende en sí un gran problema, y es por todo extremo digna de estudio.

Hegel hace notar que la potencia que en sí encierra una masa en movimiento depende de dos factores: de la masa por una parte, pero además de la velocidad; y la velocidad es término complejo, que se divide en espacio y en tiempo.

Observa aún que la bala, que atraviesa el corazón de un hombre y le arranca la vida, no mata únicamente por el plomo que contiene, sino por la velocidad con que choca: matan tanto ó más que la masa metálica, dos abstracciones, el espacio y el tiempo. Y hé aquí cómo la idea por sí sola, sin materializarse de antemano,