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en el rojizo penacho de un volcan, cuándo se vio anegado en los Océanos, en qué instante cruzó entre vapores la atmósfera, en cuál otro bajo forma de gota descompuso la luz del sol y pintó el iris en el cielo, en qué sublime momento, en fin, rodó como lágrima por una mejilla humana sintiendo quizá estremecida su pequenez al aliento divino del espíritu.

Asi, pues, toda la parte práctica y empírica de la teoría atomística moderna sólo tiene por objeto suplir este dato único, estado dinámico del universo en un momento fijo; lo demás son leyes racionales y principios a priori. Decir que contra esta teoría se alzan tremendas objeciones es punto menos que inútil.

La física, la química, la metafísica le dirigen preguntas terribles, á las que ni contesta ni puede contestar hoy.

¿Cómo se explica la conservación de la fuerza viva? Imposible parece explicar este gran principio de la mecánica en la teoría atómica: en todo choque de cuerpos no elásticos hay pérdida de fuerza viva; luego el universo tiende al reposo absoluto; muere el movimiento por instantes; el impulso inicial se agota; el cosmos es algo que agoniza, un inmenso péndulo que se para, una hoguera que se extingue.

¿Cómo se explica la elasticidad? La elasticidad no existe en la teoría atómica: es una pura apariencia.

¿Cómo se explica el átomo? No se explica tampoco: al querer comprenderlo se desvanece; al analizarlo se deshace; es polvo que se desmenuza en polvo más y más pequeño sin otro límite que la nada. Porque, en efecto, si tiene dimensiones y es macizo, es divisible en partes; y puesto que no existe en la naturaleza fuerza alguna de cohesión, nada une y traba estas partes entre sí; luego el átomo no puede ser un elemento primitivo, debe dividirse lógicamente, y prácticamente debe estar dividido en otros más pequeños; pero de cada uno de estos puede decirse lo que del anterior, y así la lógica nos fuerza á triturarlos y á desmenuzarlos más y más, sin otro límite que su aniquilamiento absoluto.

El átomo de la teoría atomística encierra en sí su propia negación.

Afirmarlo y definirlo es negarlo al propio tiempo.