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llegue á su última y definitiva unidad, el problema queda en pié y sin resolver.

Entre los dos límites extremos (la teoría atómica y la teoría de las fuerzas abstractas) existe la escuela ordinaria que acepta el átomo como sustancia y la fuerza como cualidad del átomo.

De esta, por conocida, es inútil que nos ocupemos; y por otra parte, tiempo es ya de concluir.


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La razón, adquiriendo su natural y legítimo predominio sobre el método empírico, pero sin prescindir de él, sin negarle la gran importancia que en realidad tiene; y este, perdiendo relativamente en categoría y convertido en mero instrumento, pero llegando á un admirable grado de perfección, tales son los primeros caracteres de la ciencia moderna.

La unidad, las hipótesis, la reducción de casi todos los fenómenos físicos al movimiento son sus rasgos dominantes.

Condensar todas las síntesis parciales en una gran síntesis general, la unánime aspiración de cuantos físicos pasan el nivel común.

Bien comprendemos que esta tendencia filosófica de la física encontrará adversarios; pero es esfuerzo vano el de querer ahogar en el espíritu del hombre una de sus más nobles aspiraciones: buscar en todo lo absoluto.

Si lo encuentra, bien hizo en buscarlo: si no lo encuentra, pero se aproxima á él, bien hizo en acercarse: y en todo caso su noble empeño no será estéril, porque la esperanza es el aliento de la vida.

La ciencia cae á veces, á veces se extravía; hay en ella retrocesos parciales, errores y delirios; pero en grandes períodos históricos su marcha es siempre progresiva y ascendente.

Pasa de la India al Egipto, del Egipto á Grecia, enriqueciéndose más y más; y si en la edad media decae, se alza en cambio con nuevo brío en el renacimiento y hoy llega á prodigiosa altura. A sus eclipses suceden más brillantes destellos, y sus grandes evoluciones son como olas de esa marea creciente que se llama progreso; que así como en el océano levanta la atracción solar las aguas, así también en el gran océano de las sociedades levanta la atracción de Dios los espíritus hácia sí.


José Echegaray.