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yo he conocido otros de un carácter muy diferente. Y me acuerdo que encontrándome una vez con el poeta Sophocles (17), llegó uno á preguntarle, si la edad permitia aun tener parte en los placeres del amor. Á lo qual respondió: No lo quiera Dios, ó hombre. Hace ya tiempo que sacudí el yugo de este tirano furioso y brutal. Parecióme entónces que tenia razon para hablar de este modo, y ahora me parece lo mismo. La vejéz en efecto es un estado de reposo y entera libertad de semejantes cosas. Porque despues que la concupiscencia y lascivia dexan de atormentarnos y se amortiguan, se verifica en un todo el dicho de Sophocles, de verse uno libre de inumerables y envejecidos tiranos. En quanto á los disgustos de los viejos, y mal trato que reciben de sus próximos, una es la causa, Sócrates, no la vejéz, sino el carácter de los hombres. Con costumbres dulces y afables se encuentra una vejéz llevadera, con un carácter opuesto; creeme Sócrates, ni la vejéz ni la juventud misma tiene nada de agradable.

Sóc. Encantado quedé de su respuesta y deseando meterle mas y mas en la conversacion, le incitaba y decia: Céphalo, estoy persuadido que quando vos hablais de este modo, la mayor parte no aprueba vuestras razones; y se imaginan que os es tolerable la vejéz, no por vuestro carácter, sino por los muchos bienes que poseeis; los quales, dicen, que proporcionan á los ricos no pocos alivios. Céph. Vos decís