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dueño de su propia felicidad, porque es feliz como Dios mismo (permítaseme decirlo asi), sin desear nada mas que lo que goza: como este Ser inmenso, no piensa en estender sus posesiones, sino en hacerlas verdaderamente suyas por las relaciones mas perfectas y la mas arreglada direccion. Si no se enriquece por nuevas adquisiciones, se enriquece poseyendo mejor lo que tiene: ántes no gozaba sino de las rentas de sus tierras, ahora goza tambien de estas mismas, presidiendo á su cultura y recorriendolas sin cesar: le era estraño su criado, hace su fortuna y la de su hijo, y se le apropia; no tenia derecho sino sobre las acciones, y se le adquiere sobre las voluntades; en fin, no era amo sino á precio de plata, y consigue serlo por el sagrado imperio de la estimacion y de los beneficios.

Es un gran error en la economía doméstica, asi como en la vida civil, querer combatir un vicio por otro, ó formar entre ámbos una especie de equilibrio, como si lo que mina los fundamentos del órden pudiese jamas servir para establecerlo; por esta mala policía no se hace otra cosa que reunir todos los inconvenientes. Los vicios