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terior: como no está casi nunca dentro de sí mismo, es siempre estraño, y está incomodado cuando se le obliga á entrar. Lo que es no es nada; lo que parece es todo para él.

El estudiante va á aprender el estilo del mundo á las salas doradas; pero el sabio aprende los misterios en la cabaña del pobre.

Una de las cosas que hacen mas inútiles las predicaciones, es que se hacen indiferentemente á todo el mundo, sin discernimiento y sin eleccion. ¿Como puede pensarse que el mismo sermon convenga á tantos oyentes, tan diversamente dispuestos, tan diferentes en talento, en genios, en edad, en sexo y opiniones? [1] Quizá no hay dos á los cuales pueda convenir lo que se les dice, y todas nuestras afecciones son tan poco

  1. Prescindiendo de que en nuestra España no hay mas opinion que una (esto es tratandose de las religiosas), como que no se tolera otra religion que la católica, esta máxima del autor debe mirarse como un sofisma. En primer lugar, se ve que no son inútiles los sermones, como quiere suponer, pues que de ellos resulta á la sociedad en general mas bien que mal (y esto solo basta para hacer útil cualquiera cosa), cual es reformar las costumbres, á inspirar amor á la virtud por medio de los ejemplos que de ella se dan, y las máximas morales que contienen, para que el hombre arregle á ellas su conducta y sus acciones; y en segundo, si no se hablase al pueblo congregado, ¿como se propagarían las luces, como se darían á conocer las sublimes verdades de nuestra religion santa, si por sus ministros no se instruyese de ellas á este mismo pueblo sencillo é ignorante por medio de los sermones y pláticas doctrinales, que si no hacen efecto en dos o tres corazones corrompidos por el vicio (bien que estos no asisten á ellos), lo hacen generalmente en todas las almas buenas y sensibles que los oyen? ¿Y cuantas veces los sermones morales, fundados únicamente en el evangelio, sin distracciones agenas de él, han producido las mas bellas acciones, el destierro de los odios, la reconciliacion de enemigos eternos, el perdon de las injurias, los actos mas heroicos de piedad, los rasgos mas eminentes de amor á la patria, y las virtudes mas sublimes? Creo que Rousseau no desmentiría esta verdad tan acreditada por la esperiencia de los siglos. (Nota del traductor.)