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su rostro, que jamas se pegó á los libros, no se deja caer sobre su pecho; no hay necesidad de decirle, alza la cabeza; jamas la vergüenza ni el miedo se la hiciéron bajar.

Demosle lugar en medio de la asamblea: examinadle, señores, preguntadle con toda confianza; no temais ni su impertinencia, ni su charlatanería, ni sus indiscretas cuestiones; no temais que se apodere de vosotros, que pretenda que os ocupeis solamente de él, y que no podais quitaroslo de encima.

No espereis tampoco agradables discursos, ni que os diga lo que yo le haya dictado: no espereis otra cosa que la verdad ingenua y sencilla, sin adorno, sin aparato y sin vanidad; os dirá lo malo que ha hecho, ó lo que piensa hacer, con tanta franqueza como lo bueno, sin curarse de ninguna manera del efecto que haga sobre vosotros lo que dijere; y usará de la palabra con toda la sencillez de su primera institucion.

Gustamos de pronosticar bien de los niños, y nos dolemos del flujo de necedades que casi siempre viene á trastornar las esperanzas que quisiéramos fundar sobre alguna feliz ocurrencia que por casualidad