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demostraciones de benevolencia, á lo que pasa en el fondo de los corazones, y reflexionemos lo que debe ser un estado de cosas en el que todos los hombres se ven forzados á halagarse y destruirse mutuamente, y en el que nacen enemigos por deber, y embusteros por interes: cada hombre, se dice, gana en servir á los demas; sí, pero gana mas aun en hacerles daño: no hay ninguna utilidad tan legítima, que no se halle escedida por la que puede sacarse ilegítimamente; y el daño hecho al prójimo siempre es mas lucrativo que los servicios. Ya no se trata de mas que de asegurar los medios de la impunidad; y en esto emplean los poderosos todas sus fuerzas, y los débiles todas sus astucias.

¡Que contraste se advierte entre los discursos, los sentimientos y las acciones de las gentes honradas! Cuando veo á los mismos hombres mudar de máximas segun las sociedades en que se hallan, siendo molinistas en una, jansenistas en otra, viles cortesanos y aduladores en casa de un ministro, críticos sediciosos del gobierno en la de un descontento; cuando veo á un hombre, lleno de oro de arriba abajo, prohibir el lujo,