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tesano habla de filosofía, el hombre de estado de marcialidad: no hay nadie, hasta el simple jornalero, que no pudiendo tomar otro tono que el suyo, no se vista de negro los domingos para tener el aire de un palaciego. Solo los militares, despreciando todos los otros estados, conservan sin reparo el tono del suyo.

Asi, pues, los hombres á quienes se habla no son aquellos con quienes se conversa: sus sentimientos no salen de su corazon, sus luces no existen en su espíritu, sus discursos no representan sus pensamientos, no se percibe de ellos mas que su figura; y en una tertulia se está poco mas ó menos como ante un cuadro movible, donde el espectador tranquilo es el único ser movido por sí mismo.

¡Cuan dulce seria vivir entre nosotros mismos, si el porte esterior fuese siempre la imágen de las disposiciones del corazon, si la decencia fuese la virtud, si nos sirviesen de regla nuestras máximas, si fuese inseparable la verdadera filosofía del título de filósofo! Pero raramente se juntan tantas cualidades, y la virtud casi no marcha con tan grande aparato.

Penetremos, en medio de nuestras frívolas