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El placer que un hombre quiere tener para que los otros lo vean, es perdido para todos; no lo es ni para él mismo ni para los demas.

Las verdaderas diversiones son aquellas de que se participa con el pueblo; los que quieren tenerlas para sí esclusivamente, no las tienen.

La ridiculez, que la opinion teme mas que todo, está siempre á su lado para tiranizarla y castigarla. Nadie es ridícilo sino con ciertas fórmulas determinadas. Quien sabe variar sus situaciones y sus placeres, borra hoy la impresion de ayer, y es como nulo en el espíritu de los hombres; pero goza, porque está entero en cada hora y en cada cosa.

Todo lo que depende de los sentidos y no es necesario para la vida, varía de naturaleza tan luego como se torna en hábito: convirtiendose en una necesidad, deja de ser un placer, y es al mismo tiempo una cadena que uno se toma, y un goce de que se priva. Prevenir siempre los deseos, no es el arte de contentarlos, sino el de estinguirlos.

Mudemos de gusto con los años: no dis-