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tener forma humana no implica ser sabio, pero sí poder detenerse un momento antes de actuar.

Él siempre me recalcó que el desapego no significaba sabiduría automática, pero que, no obstante, era una ventaja ya que permitía al guerrero detenerse momentáneamente para reconsiderar las situaciones para volver a sopesar las posibilidades. Sin embargo, para poder usar consistente y correctamente ese momento extra, don Juan dijo que el guerrero tenía que luchar insobornablemente durante toda una vida...

—Un guerrero es alguien que busca la libertad —me dijo en el oído—. La tristeza no es libertad. Tenemos que quitárnosla de encima. Tener un sentido de desapego, como había dicho don Juan, implica tener una pausa momentánea para reconsiderar las situaciones…” C.C.

ENSOÑANDO JUNTOS

Contra lo que pueda pensarse, las enseñanzas de Don Juan pueden ponerse en práctica en el mundo cotidiano. Eso sí, además de decisión y valor, se requiere una inmensa capacidad para auto disciplinarse y hacer las cosas sin esperar recompensa alguna.

Castaneda estuvo trabajando años enteros con ejercicios o tareas que en apariencia no tenían sentido o un resultado práctico. Es curioso, pero quien ha tenido la oportunidad de convivir con los indígenas y los campesinos podrá encontrar en su forma de ser y actuar muchas semejanzas con las técnicas que Castaneda aprendió. Los campesinos y los indígenas tienen desarrollada una "cultura de resistencia" ante el ataque del criollo depredador y del mestizo abusivo. La fuerza de su resistencia tiene que ver con las prácticas que Don Juan le recomienda aprender a Castaneda para hacerse guerrero. La diferencia es que como los indígenas y los campesinos, según ellos mismos dicen, "no son gente de razón", lo hacen como parte de una herencia cultural milenaria.

Para ensoñar, Don Juan le enseñó a Castaneda tres técnicas: romper las rutinas de la vida, la marcha de poder y el no hacer, las cuales se aplicaban directamente en la vigilia de nuestra vida cotidiana, pero sus beneficios se sentían cuando el aprendiz ensoñaba.

Don Juan dice, en repetidas ocasiones, que en el nagual no puede haber ningún avance que no esté apoyado con un gran esfuerzo y trabajo en el mundo del tonal.

El ensoñar, como lo veremos en los últimos libros, es uno de los pilares fundamentales de la Toltequidad, pero se sustenta en el trabajo y el dominio del mundo cotidiano. El ensoñar, que no es lo mismo que soñar simplemente, implica cierto dominio o control del sueño. Es una práctica antiquísima, no sólo de los toltecas, sino de casi todos los pueblos antiguos del mundo; por diferentes vías estos pueblos han logrado obtener conocimiento del mundo de los sueños.

En la página 245 del citado libro de López Austin leemos: "En cuanto al abandono del cuerpo humano durante el sueño, evidentemente se concebía el ensueño como la percepción de la realidad en sitios distantes al ocupado por el cuerpo dormido. En la antigüedad, como en las comunidades indígenas actuales, se creía posible entablar conversaciones con los seres divinos durante el sueño, y las visiones oníricas eran fuentes a las que continuamente se recurría para conocer lo oculto; muchas cosas se hacían o dejaban de hacer por los sueños, donde muchos 'miraban', y de los cuales tenían libros con lo que significaban, por imágenes o por figuras", nos dice Fray Bartolomé de las Casas.

Desgraciadamente, los celosos misioneros vieron en la interpretación de los sueños algo

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