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Juan, a través de un complejo procedimiento que los toltecas llamaron "el camino del guerrero".

Cuando un hombre común acepta la posibilidad de que puedan existir otras realidades aparte de la que él percibe, puede convertirse en aprendiz. Cuando el aprendiz logra ahorrar energía a base de técnicas específicas que requieren gran esfuerzo y que implican un cambio dramático en la forma de vivir, entonces se convierte en un guerrero. Un guerrero es un individuo capaz de llevar a cabo la máxima disciplina y un absoluto control de sí mismo. El guerrero busca, a través de la impecabilidad de todos sus actos, llegar a la totalidad de él mismo.

Como toda corriente de conocimiento, la Toltequidad, el nagualismo o la brujería, tiene principios y técnicas, y percibe un objetivo final. Este conocimiento propone un camino diferente a los otros que se han propuesto en el devenir de la humanidad. ¿Cuál de los caminos tiene mayor validez? No es materia de este trabajo. Algo que hace realmente importante y diferente el camino propuesto por la Toltequidad de nuestros tiempos, es que en una época en la que la modernidad depredadora ha reducido a escombros los valores del Espíritu, esta sabiduría que se ha mantenido casi intacta, nos ofrece no solo, una “nueva pero milenaria” oportunidad de entender el mundo y la vida, sino un camino para llegar a la totalidad o trascendencia espiritual.

El desafío de aceptar la existencia de este camino al conocimiento, y aún más, el tratar de seguirlo, se antoja casi imposible. Porque para ello no sólo debemos vencer la resistencia natural a lo desconocido, sino que además debemos luchar contra un colonialismo cultural e ideológico de 500 años, el cual, por fortuna, no ha podido borrar del todo la esencia de nuestro origen cultural autónomo.

Como no somos seres humanos de conocimiento, ni guerreros, tendremos que empezar a tratar de "entender" lo que nuestra limitada razón no puede entender, pero como no contamos con otros recursos diferentes a la razón para entrar al mundo de la Toltequidad, nos valdremos de ella para allegarnos a este milenario conocimiento, tan propio y, a la vez, tan ajeno a nosotros. En el entendido que el “leer las enseñanzas toltecas de Don Juan”, de ninguna manera nos hace aprendices y mucho menos guerreros. Puerta comúnmente falsa en las que muchos fantasiosos lectores terminan accidentados.

Luego de leer con avidez toda su obra y ponernos en contacto directo con el mundo que sirvió de marco al aprendizaje de Castaneda, trataremos, con la mente abierta, de hacer un análisis del valioso contenido de sus libros tratando de salvar sus honestas confusiones y, desde luego, nuestras grandes limitaciones. Esperamos que nuestra razón no nos impida la comprensión del conocimiento silencioso de nuestros abuelos toltecas, en el que la razón pasa a un plano secundario.

Para tal efecto, la obra de Castaneda se puede dividir en "lo que dice Don Juan", "lo que piensa Castaneda" y "lo que hace Castaneda". Creemos que las dos últimas sólo son referencias circunstanciales de los "relatos de poder" o de "los centros abstractos de las historias de la brujería" Si usted se toma la molestia de subrayar en las obras de Castaneda lo que dice Don Juan, encontrará un espléndido, coherente e interesante texto de "filosofía tolteca".

¿Y cómo es que un conocimiento, miles de años oculto, de pronto descorre su velo para ofrecernos los secretos tan celosa e impecablemente guardados por verdaderos hombres de sabiduría y de discreción monumentales? Pensamos que Carlos Castaneda

escribe estos libros por designio de "el poder" y lo hace, a partir de "El don del águila", con

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