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dejan de existir los odios, los enojos, los resentimientos y adquiere el desatino controlado que fluye suavemente. La marca del guerrero será su indiferencia, su desapego y su paciencia.

Don Juan habla de que en el hombre existen dos partes diferenciadas: la primera es vieja, tranquila, indiferente; la segunda es nueva, nerviosa, agitada, y se importa a sí misma porque se siente insegura. La primera subsiste en el fondo de nosotros. La segunda se encuentra en la superficie y es vulnerable; es con la que observamos el mundo. La primera es el conocimiento silencioso, el intento, el espíritu, lo abstracto, y nadie lo puede describir, sólo experimentar.

El trabajo del guerrero es luchar contra la segunda parte, ese "yo individual" que ha impedido que el ser humano desarrolle todo su poder. Don Juan dice que el movimiento y fijación del punto de encaje que mantiene el ser humano moderno es lo que lo ha convertido en un egocéntrico homicida que ha quedado entrampado en la absorción de la imagen de sí mismo. Desconectándole del mundo que le rodea, es capaz de destruir el medio ambiente, a los demás seres vivos y aún atentar contra su propia supervivencia.

Al cambiar de la posición habitual del punto de encaje, entre otras cosas, el guerrero obtiene un estado que se podría llamar "el no tener compasión". El no tener compasión no significa ser cruel y despiadado con los demás.

“Los brujos están convencidos de que la posición del punto de encaje es lo que hace del

hombre moderno un egocéntrico homicida, un ser totalmente atrapado en su propia imagen. Habiendo perdido toda esperanza de volver al conocimiento silencioso, el hombre busca consuelo en su yo individual. Y al hacerlo consigue fijar su punto de encaje en el lugar más conveniente para perpetuar su imagen de sí. Por lo tanto, los brujos pueden afirmar con toda seguridad que cualquier movimiento que alejara el punto de encaje de su posición habitual equivale a alejarse de la imagen de sí y, por consiguiente, de la importancia personal.

Don Juan definió la importancia personal como la fuerza generada por la imagen de sí. Reiteró que es esa fuerza la que mantiene el punto de encaje fijo en donde está el presente. Por este motivo, la meta de todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal.

Explicó que los brujos habían desenmascarado a la importancia personal, encontrando que es, en realidad, la compasión por sí mismo disfrazada.

—No parece posible, pero así es —me aseguró—. El verdadero enemigo y la fuente de la miseria del hombre es la compasión por sí mismo. Sin cierto grado de compasión por sí mismo, el hombre no podría existir. Sin embargo, una vez que esa compasión se emplea, desarrolla su propio impulso y se transforma en importancia personal...

Prosiguió con su explicación, diciendo que los brujos están absolutamente convencidos de que, el espíritu, al mover nuestro punto de encaje, alejándolo de su posición habitual, nos hacía alcanzar un estado de ser que sólo podríamos llamar "el no tener compasión".

Dijo que los brujos saben, gracias a su experiencia práctica, que en cuanto se mueve el punto de encaje se derrumba la importancia personal, porque sin la posición habitual del punto de encaje, la imagen de sí pierde su enfoque. Sin ese intenso enfoque se extingue la compasión por sí mismo y con ella la importancia personal, ya que la importancia personal es sólo la compasión por sí mismo disfrazada...

La guerra para el brujo es la lucha total contra ese yo individual que ha privado al hombre de supoder..." C.C.

LOS REQUISITOS DEL INTENTO

Romper La Imagen De Sí

Don Juan dice que lo único que hizo con Castaneda fue que éste destruyera su

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