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82 ORIGEN DE LAS ESPECIES silvestres de la América del Sur. Aquí me contentaré con hacer algunas observaciones, las precisas, para traer a la mente del lector algunos de los puntos principales. Los huevos ó los ani- males muy tiernos sufren al parecer generalmente más, pero no sucede así invariablemente. En las plantas hay una enormo destruccion de semillas, pero por algunas observaciones quo yo he hecho, creo que los reloños sufren más por germinar en terreno ya espesamente poblado con otras plantas. Los rc- toños tambien son destruidos en gran número por varios ene- migos; por ejemplo, en un pedazo de terreno de tres piés de largo y dos de ancho, trabajado y limpio, y donde no pudiera haber el inconveniente de otras plantas, marqué todos los re- toños de nuestras malas yerbas nativas conforme brotaban, y de 357, nada menos que 295 fueron destruidas, principalmen- to por caracoles é insectos. Si un campo cubierto de césped, en donde se ha cortado éste hace mucho tiempo, y el caso sc- ria el mismo si el césped hubiera servido de pasto á los cua- drúpedos, se deja crecer, las plantas más vigorosas matarán gradualmente á las menos vigorosas aunque sean plantas com- pletamente desarrolladas; de veinte especies (que crecian en un pequeño espacio de césped segado (tres piés de ancho por cua- tro de largo) perecieron nueve especies por permitir á las otras que crecieran libremente. La cantidad de alimento para cada especie da naturalmente el límite extremo á que puede llegar en su crecimiento; pero con mucha frecuencia no determina el número medio de una especie el alimento que pueda obtener, sino el que sirva ó nó de presa á otros animales. Así parece no haber duda do que la cantidad de perdices, codornices y liebres en cual- quier posesion grande depende principalmente de la destruc- cion de bichos. Si no se tirara una sola pieza de caza durante los primeros veinte años en Inglaterra y al mismo tiempo no se destruyeran los bichos, lo más probable sería que a la ter- minacion de ese período hubiera ménos caza que en la actua- lidad, a pesar de que hoy se matan anualmente contenares de miles de animales de caza. Por otra parte, y en algunos casos, como sucede con el elefante, ninguno es destruido por anima- les de presa: porque hasta el tigre de la India rarísimamente se atreve a atacar á un cachorro de elefante que esté defen- dido por su madre.