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02 ORIGEN DE LAS ESPECIES como especies distintas por muchos entomólogos. La misma Irlanda tiene unos pocos animales considerados ahora gene- ralmente como variedades, pero que han sido colocados como especics por algunos zoólogos. Algunos ornitólogos de expe- riencia consideran nuestro gallo silvestre rojo inglés como una raza fuertemente señalada de una especie noruega, mientras que la mayor parte lo coloca como una especie indudable de la Gran Bretaña. Una gran distancia entre los silios en que habitan dos formas dudosas lleva á muchos naturalistas á co- locarlas como especies distintas; ¿pero qué distancia bastara? se ha preguntado con razon: ¿si la que hay entre América y Europa es bastante, la que existe entre Europa y las Azores ó Madera ó las Canarias ó entre los varios islotes de estos pequeños archipiélagos será suficicnte? Mr. B. D. Walsh, distinguido entomólogo de los Estados- Unidos, la descrito lo que él llama variedades fitofagas y especies filóſagas. La mayor parte de los insectos que se ali- mentan con vegetales viven en una clase de planta ó en un grupo de plantas; algunos se alimentan indistintamente de muchas clases, pero no varian por eso. En algunos casos, sin embargo, los insectos que viven en diferentes plantas presen- tan en su estado larval ó en el de madurez, ó en los dos estados, segun la observado Mr. Walsh, pequeñas, aunque constantes diferencias en el color, en el tamaño, ó en la naturaleza de sus secreciones. En algunos casos se ha observado que los machos solos, en otros machos y hembras, se diferencian de esto modo ligeramente. Cuando las diferencias están más fuertemente marcadas, y cuando afectan á los dos sexos en todas las edades, colocan todos los entomólogos las formas como buenas especies. Pero ningun observador puede deter- minar por otro, y gracias que pueda hacerlo por sí mismo, cuáles entre estas formas fitofagas deben llamarse especies, y cuáles variedades. Mr. Walsh coloca las formas que puede suponerse que se cruzarian entre sí libremente como varicda- des, y aquellas que al parecer han perdido esta aptitud como cspecie. Como las diferencias dependen de que los insectos se hayan alimentado mucho tiempo de plantas distintas, no puede csperarse que se encuentren ahora los cslabones intermedios que encadenan las diversas formas. Así, pues, el naturalista pierde la mejor guía para determinar si ha de colocar las for-