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380 ORIGEN DE LAS ESPECIES largos. Si, pues, podemos deducir algo de estos hechos, debe do ser, que en los sitios en que hoy se extienden nuestros océanos, se han extendido desde el período más remoto de que podemos tener noticia alguna; y, por otra parte, en dondo hoy existen los continentes, han existido grandes extensio- nesde tierra, sujetas, sin duda, á grandes oscilaciones de ni- vel, desde el período cambrio. El mapa de colores, unido a mi libro sobre los arrecifes de coral, me lleva a la consecuen- cia de que los grandes océanos son todavía principalmente áreas de sumcrsion; los grandes archipiélagos, de oscilaciones do nivel y los continentes de elevacion. Pero no tenemos razo- nes para suponer que las cosas hayan permanecido lo mismo desde el principio del mundo. Parece que nuestros continentes han sido formados por haber preponderado la fuerza de eleva- cion durante muchas oscilaciones de nivel, pero puede suceder que las superficies del movimiento preponderante hayan cam- biado en el trascurso de las edades. En un período muy ante- rior á la época cambria, pueden haber existido continentes donde hoy se extienden océanos y océanos en el lugar que hoy ocupan nuestros continentes. Tampoco estariamos justificados al suponer que si el fondo del Océano Pacífico, por ejemplo, se convirtiera ahora en un continente, encontraríamos en el formaciones sedimentarias en un estado que pudiera recono- cerse más antiguo que las capas cambrias, suponiendo que hubieran sido justificadas, porque muy bien podria suceder que las capas que se han sumergido algunas millas hacia el centro de la tierra y que han sido comprimidas por un peso enorme del agua que tenian encima, hayan pasado por muchas más metamorfosis que las capas que siempre han permanecido más cerca de la superficie. Las inmensas áreas que hay en al- gunas partes del mundo, por ejemplo, en la América del Sur, de rocas metamórficas peladas, que deben haber estado calen- tadas con una gran presion, me ha parecido siempre que re- clamaban alguna explicacion especial, y quizás debamos creer que vemos en estas grandes extensiones las muchas formacio- nos, muy anteriores á la época cambria en un estado complc- tamente metamorfoseado y denudado. Indudablemente son de naturaleza muy séria todas las dife- rentes dificultades que acabamos de discutir, á saber: que aun cuando encontramos en nuestras formaciones geológicas mu-