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OBJECIONES Á LA TEORIA 243 cambia, serán favorecidas solamente en ciertas condiciones pe- culiares. Un animal estrictamente terrestre, que busque su alimento de vez en cuando en aguas superficiales, y luego en arroyos y lagos, podria al fin convertirse en un animal tan completamente acuático, que saliera al abierto Océano. Pero las focas no encontrarian en las islas del Océano las condicio- nes favorables para su conversion gradual á una forma ter- restre. Los murciélagos, como anteriormente se demostró, ad- quirieron probabiemente sus alas para hendir al principio el airc de árbol en árbol, como la llamada ardilla voladora, para escapar de sus enemigos, ó para evitar las caidas; pero cuando una vez se ha adquirido ya el poder del verdadero vuelo, no podrian, al menos para los objetos dichos, retroceder al po- der menos eficaz de deslizarse al través del aire. Podrian los murciélagos, en verdad, como muchos pájaros, haber tenido sus alas muy reducidas en tamaño, ó completamente perdidas por la falta de uso; pero en este caso sería necesario que hu- biesen adquirido primero el poder de correr muy de prisa por cl terreno, ayudados sólo de sus piernas traseras, para poder competir con los pájaros ó con otros animales del suelo; y un murciélago parece singularmente mal preparado para seme- jante cambio. Se han hecho estas conjeturas, meramente para demostrar que una transicion de estructura ventajosa en todas sus fases, es asunto asaz complejo; y que nada hay de extraño en que en cualquier caso particular no haya ocurrido una transicion. Finalmente, más de un escritor ha preguntado por qué las facultades mentales de algunos animales se han desarrollado más que las de otros, siendo así que este desarrollo sería para todos ventajoso, y por qué los monos no han adquirido los po- deres intelectuales del hombre. Varias causas podrian desig- narse, pero como son conjeturas y no puede medirse su pro- babilidad relativa, sería inútil darlas. No dobe esperarse una respuesta definitiva á la cuestion última, supuesto que nadie puede resolver, aunque es más sencillo, el problema de por qué en dos razas de salvajes se ha elevado una más que otra en la escala de la civilizacion, y esto implica aparentemento aumento del poder en el cerebro. Volvamos á otras objeciones de M. Mivart. Los insectos se parecen á menudo, y en ello encuentran proteccion, á varios ob-