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LUCHA POR LA EXISTENCIA 87 tan sencillas como éstas. Hay que reñir continuamente una batalla tras otra con resultado vario, y sin embargo, á la larga las fuerzas están tan perfectamente compensadas, que la faz de la naturaleza permanece uniforme durante largos períodos de tiempo, aunque seguramente la insignificancia más pequeña daria la victoria á un sér orgánico sobre otro. Y á pesar de todo, tan profunda es nuestra ignorancia, tan grande nuestra presuncion, que nos maravillamos cuando oimos hablar de la extincion de un sér orgánico; como no vemos la causa, invo- camos cataclismos para desolar al mundo, ó inventamos leyes sobre la duracion de las formas de la vida. Tentado estoy á dar un cjemplo más, que demuestra cómo plantas y animales lejanas en la escala de la naturaleza están unidas por un tejido de relaciones complejas. Ya tendré más tarde ocasion de demostrar que la lobelia fulgens exótica, nunca es visitada por los insectos en mi jardin, y que por conse- cuencia, dada su peculiar estructura, jamás produce una se- milla. Casi todas las plantas orquideas requieren absoluta- mente la presencia de insectos que transporten sus masas de pólon y que de esto modo las fertilicen. Con experimentos hechos encuentro que son casi indispensables los abejorros para la fertilizacion del pensamiento (viola tricolor), porque no hay otras abejas que se posen en esta flor. Tambien he en- contrado que son necesarias las abejas para la fertilizacion do algunas especies de trébol, por ejemplo: veinte cabezas de tró- bol aleman (trifolium repens) produjeron 2.290 semillas, y otras veinte cabczas resguardadas de las abejas no han produ- cido ni una. De la misma manera, cien cabezas de trébol rojo (T. pratense) produjeron 2.700 semillas, y el mismo número, sin el acceso de las abejas, no produjo una sola. Solamente los abejorros visitan el trébol rojo, porque las demás clases no pueden alcanzar el néctar. Se ha indicado que las mariposas de noche (phalena) pueden fertilizar los tréboles; pero yo dudo que pudieran hacerlo, porque en el trébol rojo, su peso es insuficiente para deprimir los pétalos alados. De aquí po- demos deducir como muy probable que, si desapareciera ó se hiciera muy raro en Inglaterra el género entero de las abejas silvestres, el pensamiento y el trébol rojo se harian ra- rísimos, ó desaparecerian por completo. El número de abe- jas en una localidad depende en gran parte del número de