Esta página ha sido corregida
198
Gustavo A. Becquer
En las noches de invierno, si un medroso
Por la desierta plaza
Se atrevía á cruzar, al divisarme
El paso aceleraba.
Y no faltó una vieja que en el torno
Dijese á la mañana,
Que de algún sacristán muerto en pecado
Acaso era yo el alma.
A oscuras conocía los rincones
Del atrio y la portada;
De mis pies las hortigas que allí crecen
Las huellas tal vez guardan.
Los buhos que espantados me seguían
Con sus ojos de llamas.
Llegaron á mirarme con el tiempo
Como á un buen camarada.
A mi lado sin miedo los reptiles
Se movían á rastras;
¡Hasta los mudos Santos de granito
Vi que me saludaban!