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Gustavo A. Becquer

En las noches de invierno, si un medroso
Por la desierta plaza
Se atrevía á cruzar, al divisarme
El paso aceleraba.

Y no faltó una vieja que en el torno
Dijese á la mañana,
Que de algún sacristán muerto en pecado
Acaso era yo el alma.

A oscuras conocía los rincones
Del atrio y la portada;
De mis pies las hortigas que allí crecen
Las huellas tal vez guardan.

Los buhos que espantados me seguían
Con sus ojos de llamas.
Llegaron á mirarme con el tiempo
Como á un buen camarada.

A mi lado sin miedo los reptiles
Se movían á rastras;
¡Hasta los mudos Santos de granito
Vi que me saludaban!