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tar que á causa de estas ideas de accidente y de azar, haya restringido un poco la nocion de esta armonía universal, que tan naturalmente se deriva de su sistema.

Lo verdadero y lo falso tampoco deben ser objeto de la filosofia, porque la filosofia estudia los séres en sí mismos, y el sér en sí es siempre lo verdadero, porque no es el pensamiento el que constituye la esencia de los seres, sino, por lo contrario, él es el que constituye lo verdadero y lo falso, puesto que lo verdadero y lo falso son la conformidad y disconformidad del sujeto con el atributo, y esta conformidad ó disconformidad residen en el pensamiento. La ontología no se ocupa del exámen de los séres que deben su existencia al pensamiento; sólo tiene por objeto la esencia y las yes del sér considerado en sí mismo.

IV.

Una vez determinados la extension y los límites de la ciencia, sólo resta probar su posibilidad, darle una base sólida, es decir, asentar un principio incontestable, que pueda á priori legitimar todos sus resultados; y este principio, segun Aristóteles, es el principio de contradiccion.

Una de las cosas más incontestables á los ojos del sentido comun, es, que el hombre, en el ejercicio de sus facultades intelectuales, puede llegar á conocimientos reales, absolutos, que no son relativos únicamente á su persona y á su manera de ver, sino que responden a algun punto de la verdad. Hay una correspondencia intima entre el hombre y la naturaleza, porque la inteligencia humana es un espejo donde viene á reflejarse, unas veces confusamente y otras con el más vivo resplandor, la verdad eterna. Tal ha sido por lo menos en todos tiempos la opinion de la humanidad. Los filósofos, sin embargo, no siempre han reconocido la evidencia de este principio. Los hay que, de buena fe ó por espíritu sofistico, han puesto en duda el testimonio de nuestras facultades, han sujetivado, si se nos permite esta expresion, el conocimiento humano, y confundiendo la verdad y el error, han pretendido condenar al hombre á una ignorancia absoluta, ó por lo ménos, cerrándole todo acceso á la verdad absoluta, le han reducido á un conocimiento pasajero, mudable y perecedero como la humanidad. Encerrado en tan estrecha esfera, cuando sólo se trata de los datos que suministran los sentidos, estos sistemas no pueden ser peligrosos, puesto que importa poco sostener que tal sabor es á la vez dulce y amargo, y que la miel no tiene en si misma ningun sabor agradable ó desagradable, pues no por esto dejará cada cual de consultar su gusto y vivir segun su costumbre. Pero si, pasando de las nociones sensibles á las nociones ontológicas y á las nociones morales, se resuelven los problemas en el mismo sentido; si, como los sofistas de Grecia ó como Hume en los tiempos modernos, se afirma que todo es ó que todo es mal, ó lo que es lo mismo, que no hay bien