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tan pronto como se piensa en la marcha que habitualmente sigue el filósofo, y en el ámplio método que acabamos de considerar, y desde el momento en que se reflexiona en las innumerables cuestiones de todas clases que impiden el acceso al problema ontológico. Por otra parte, la ontología, la ciencia del sér en tanto que sér, como la llama Aristóteles, acababa de nacer cuando salió á luz la Metafisica. Se trataba de darle fuerza y vida; no debía, por lo tanto, procederse con precipitacion, ni podía tampoco parecer excesiva la precaucion con que se caminara.

Era imposible, como se comprende fácilmente, que Aristóteles resolviese todas las cuestiones preliminares, sin exponer, por lo menos en parte, su propio sistema; y él así lo hace, aunque breve y accidentalmente. Todo lo que precede al libro sétimo realmente es tan sólo un preámbulo, incluso el libro sexto, en que Aristóteles trata, como dice, del sér que no pertenece á la ciencia. En el libro sétimo comienza Aristóteles á tratar verdaderamente del asunto que se propone, del estudio del sér en sí mismo, del sér en tanto que sér. Los estrechos límites de nuestro trabajo no nos permiten hacer un análisis minucioso de esta parte; nos contentaremos con poner en claro aquellas verdades, en que el mismo Aristóteles ha creido deber insistir, y pueden servir principalmente para la inteligencia de su sistema.

Los puntos que vamos á examinar son:

1.° Objeto de la ciencia en general y de la filosofia en particular (Libros i y ii);

2.° Opiniones de los filósofos sobre los primeros principios de la filosofía (Libro i);

3.° Límites de la ciencia del sér (Libros ii, iv y vi);

4.° Valor y autoridad del principio de contradiccion (Lib. iv).

En cuanto a las dificultades que se exponen en el tercer libro, examinaremos algunas de ellas al tratar de las dos últimas cuestiones; de las otras nos ocuparemos en la segunda parte, en el estudio del sér, en la ontología propiamente dicha. El libro de las Definiciones (lib. v) Tepl Tv , no será tampoco objeto de un extenso estudio; sólo cuidaremos recurrir á él cuando sea necesario para la inteligencia de los términos.

I.

Hay, segun Aristóteles, dos maneras de conocer, la experiencia y la ciencia; la experiencia, que nos revela los hechos, y la ciencia que demuestra y enseña la razon de los hechos, su causa y su principio. La ciencia tiene grados. En primera línea se coloca, hasta por la opinion vulgar, la especulacion pura. La ciencia, á la que debe dedicarse el hombre sólo por ella misma, independientemente de todo resultado práctico, y cuyo fin no es la utilidad ni el placer, tiene ciertamente un valor propio que no tienen las artes ni los oficios. En fin, si á los grados de la existencia correspon-