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curso de tu proceso; y en fin, como término de este lastimoso drama, por haberte abandonado por temor ó por cobardía, puesto que no te hemos salvado; y se dirá tambien, que tú mismo no te has salvado por culpa nuestra, cuando podias hacerlo con sólo que nosotros te hubiéramos prestado un pequeño auxilio. Piénsalo bien, mi querido Sócrates; con la desgracia que te va á suceder tendrás tambien una parte en el baldon que va á caer sobre todos nosotros. Consúltate á tí mismo, pero ya no es tiempo de consultas; es preciso tomar un partido, y no hay que escoger; es preciso aprovechar la noche próxima. Todos mis planes se desgracian, si aguardamos un momento más. Créeme, Sócrates, y haz lo que te digo.

Mi querido Criton, tu solicitud es muy laudable, si es que concuerda con la justicia; pero por lo contrario, si se aleja de ella, cuanto más grande es, se hace más reprensible. Es preciso examinar, ante todo, si deberemos hacer lo que tú dices ó si no deberemos; porque no es de ahora, ya lo sabes, la costumbre que tengo de sólo ceder por razones que me parezcan justas, despues de haberlas examinado detenidamente. Aunque la fortuna me sea adversa, no puedo abandonar las máximas de que siempre he hecho profesion; ellas me parecen siempre las mismas, y como las mismas las estimo igualmente. Si no me das razones más fuertes, debes persuadirte de que yo no cederé, aunque todo el poder del pueblo se armase contra mí, y para aterrarme como á un niño, me amenazase con sufrimientos más duros que los que me rodean, cadenas, la miseria, la muerte. Pero ¿cómo se verifica este exámen de una manera conveniente? Recordando nuestras antiguas conversaciones, á saber: de si ha habido razon para decir que hay ciertas opiniones que debemos respetar y otras que debemos despreciar. ¿O es que esto se pudo decir ántes de ser yo condenado á