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que se pide por sacarte de aquí, no es de gran consideracion. Por otra parte, sabes la situacion mísera que rodea á los que podrian acusarnos y el poco sacrificio que habria de hacerse para cerrarles la boca; y mis bienes, que son tuyos, son harto suficientes. Si tienes alguna dificultad en aceptar mi ofrecimiento, hay aquí un buen número de extranjeros dispuestos á suministrar lo necesario; sólo Sunmias de Tébas ha presentado la suma suficiente; Cebes está en posicion de hacer lo mismo y áun hay muchos más.

Tales temores, por consiguiente, no deben ahogar en tí el deseo de salvarte, y en cuanto á lo que decias uno de estos dias delante de los jueces, de que si hubieras salido desterrado, no hubieras sabido dónde fijar tu residencia, esta idea no debe detenerte. A cualquier parte del mundo á donde tú vayas, serás siempre querido. Si quieres ir á Thesalia, tengo allí amigos que te obsequiarán como tú mereces, y que te pondrán á cubierto de toda molestia. Además, Sócrates, cometes una accion injusta entregándote tú mismo, cuando puedes salvarte, y trabajando en que se realice en ti lo que tus enemigos más desean en su ardor por perderte. Faltas tambien á tus hijos, porque los abandonas, cuando hay un medio de que puedas alimentarlos y educarlos. ¡Qué horrible suerte espera á estos infelices huérfanos! Es preciso ó no tener hijos ó exponerse á todos los cuidados y penalidades que exige su educacion. Me parece en verdad, que has tomado el partido del más indolente de los hombres, cuando deberias tomar el de un hombre de corazon; tú, sobre todo, que haces profesion de no haber seguido en toda tu vida otro camino que el de la virtud. Te confieso, Sócrates, que me da vergüenza por tí y por nosotros tus amigos, que se crea que todo lo que está sucediendo se ha debido á nuestra cobardía. Se nos acriminará, en primer lugar, por tu comparecencia ante el tribunal, cuando pudo evitarse; luégo por el