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un sueño tan tranquilo, y no he querido despertarte, con intencion, para que gozaras de tan bellos momentos. En verdad, Sócrates, desde que te conozco he estado encantado de tu carácter, pero jamás tanto como en la presente desgracia, que soportas con tanta dulzura y tranquilidad.

Sería cosa poco racional, Criton, que un hombre, á mi edad, temiese la muerte.

¡Ah! ¡cuántos se ven todos los dias del mismo tiempo que tú y en igual desgracia, á quienes la edad no impide lamentarse de su suerte!

Es cierto, pero en fin, ¿por qué has venido tan temprano?

Para darte cuenta una nueva terrible, que, por poca influencia que sobre tí tenga, yo la temo; porque llenará de dolor á tus parientes, á tus amigos; es la nueva más triste y más aflictiva para mí.

¿Cuál es? ¿Ha llegado de Delos el buque cuya vuelta ha de marcar el momento de mi muerte?

No, pero llegará sin duda hoy, segun lo que refieren los que vienen de Sunio[1], donde le han dejado; y siendo así, no puede ménos de llegar hoy aquí, y mañana, Sócrates, tendrás que dejar de existir.

Enhorabuena, Criton, sea así, puesto que tal es la voluntad de los dioses. Sin embargo no creo que llegue hoy el buque.


  1. El cabo Sunio sobre el que estaba construido un templo á Minerva á la parte Sudeste de la Atica.