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¿Y acabas ahora mismo de dejarle?

Sí, en este momento, y despues de una conversacion muy larga.

¡Ah! si no tuvieses cosa urgente que hacer ¿no querrias referirnos esa conversacion? Siéntate, te suplico, en el sitial que ocupa este niño, que te le cederá.

Con todo mi corazon, y me daré por complacido, si quereis escucharme.

Los complacidos seremos nosotros, si te dignas referirnoslo.

Unos y otros quedaremos obligados, y ahora escu chadme. Esta mañana, cuando aún no habia amanecido, Hipócrates, hijo de Apollodoro y hermano de Fason, vino á llamar muy fuerte á mi puerta con su baston, y apenas le abrieron, cuando se fué derecho á mi cuarto, diciendo en alta voz: —Sócrates, ¿duermes? Como conociera su voz, le dije: hola Hipócrates, ¿qué nueva te trae? —Una gran nueva, me dijo. —Dios lo quiera, le respondí. ¿Pero qué nueva es la que te trae aquí tan de mañana? —Protágoras está en la ciudad, me dijo, manteniéndose en pié frente á mi cama. —Ya; está aquí desde ántes de ayer..le repuse; ¿no lo has sabido hasta ahora? —No lo supe hasta esta noche. Diciendo esto, se aproximó á mi cama á tientas, se sentó á mis piés, y continuó hablando de esta manera: —Volví ayer por la tarde, ya muy tarde, del pueblo de Oenoe, á donde fuí para coger á mi esclavo Satiro, que se me habia fugado; pensaba decírtelo ántes, pero no sé qué otra cosa borró de mi espíritu esta idea. Cuando estuve de vuelta, despues de cenar, y cuando íbamos ya á acos-

Tomo II.
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