DE CECILIA 55)
amigo había adivinado los secretos de su co- razón.
— ¿Como de quién? — No estás acaso com- prometido? — observó su interlocutor asom- brado.
Viñas comprendió su torpeza y trató de re- mediarla diciendo :
— Estás en lo cierto respecto al amor; pero te equivocas en cuanto al compromiso. No hay entre Laura y yo nada serio, por ahora.
—Pues hijo, te aconsejo que formalices tus relaciones, pues Laura es encantadora. Ade- más el matrimonio es como una epidemia y ha cundido en tu familia; hace poco Juanita y ahora su padre. A propósito ¿asististe al matrimonio civil ?
—|¡No! Debe haberse efectuado hace una hora, pero antes de venir aquí he tenido que acompañar á Laura y su madre á un con- cierto en que la primera toma parte.
Por eso mismo tengo que retirarme en se- guida, pues me he comprometido á volver- las á buscar.
Esto era cierto y había servido de exce- lente pretexto á Eduardo para presenciar el menos tiempo posible la felicidad de su tío. El amigo dijo :
—¿Con que la preciosa Laurita se está volviendo tan exigente que ni por una fiesta de familia te consiente que la abandones ?...