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La visión que los conquistadores y sus apologistas, como Sepúlveda,[1] tenían de la invasión y conquista, era como una obra de Dios y que ellos eran el medio por el cual la voluntad divina hacía de España un imperio poderoso. El concepto de Dios y lo divino, para los hombres del Siglo XVI, fueran europeos o anahuacas, era totalmente diferente a lo que el hombre del Siglo XXI entiende. Esto es importante tomarlo en cuenta para dimensionar en toda su magnitud el momento histórico. Los españoles además de hacerse ricos, lo hacían del lado de “Dios, la iglesia y el rey”, de modo que las atrocidades que cometían tenían el perdón divino y el permiso real. Los conquistadores y sus socios eran empresarios armados que a sangre y fuego se hacían de riqueza ajena.

La idea de que estaban haciendo una “guerra santa” a favor de su Dios y la salvación de su alma por sus servicios a la religión católica.

En general, los historiadores hispanistas, de ayer y de hoy, han querido poner a los anahuacas como fanáticos, idólatras de una religión satánica, que inmolaban a miles de seres humanos entre ríos de sangre en lo más alto de las pirámides. Que hacían sangrientos sacrificios humanos y que se comían a sus víctimas. Todo esto para justificar las acciones sangrientas de los ambiciosos y criminales invasores.
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  1. Juan Ginés de Sepúlveda, (España 1490—1573). Humanista, filósofo, jurista e historiador español del siglo XVI quien trató de justificar el holocausto de la conquista argumentando la superioridad racial y cultural española.
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