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XXI.- EL ATAQUE FINAL...
...o la inmolación esperada.

En Tenochtitlán se desata con fuerza y gran virulencia la viruela. La gente muere en gran número. Esta es una parte de la historia que los historiadores hispanistas no relatan en toda su abrumadora dimensión. No se recordaba una tragedia como ésta en el Anáhuac. En el Anáhuac se había desatado la primera pandemia lo que debilitó militar y moralmente a los aztecas. No fueron los forajidos europeos, ni mucho menos sus limitadas y precarias armas, las que empezaban a inclinar la balanza a favor de los invasores. Era en cambio una terrible peste de viruela, tomada como un castigo divino y los propios pueblos vecinos que lucharon en contra de sus hermanos, especialmente los tlaxcaltecas, texcocanos y xochimilcas.

Cortés había provocado, gracias a los errores históricos de los aztecas y a la epidemia que había contagiado, una cruenta guerra civil y una fractura religiosa entre los decadentes pueblos del Valle del Anáhuac, que habían transgredido la filosofía y la religión de Quetzalcóatl.

“La conquista de México fue más bien una guerra civil entre indígenas, con profundas raíces filosóficas, religiosas y viejas heridas entre los pueblos por la dominación mexica, que una epopeya heroica de un puñado de españoles.” Marín 1997.

Los aztecas, en medio de la contingencia producida por la viruela, ya que los contagios y las muertes se multiplicaban vertiginosamente y no había

ninguna cura

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