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la expedición venían capitanes que tenían experiencia guerrera y sabían que Cortés no la tenía. Así que las discusiones sobre cómo salir no se hicieron esperar. Se debe insistir que los historiadores hispanistas pintan a Cortés y su corsarios, como un ejército disciplinado y compacto, pero nunca lo fue así. Cortés por sus engaños, traiciones y crueles venganzas, era temido, pero no respetado. Entre los españoles venía “un nigromantito”, al cual Cortés consultaba sobre algunas decisiones. Como se ve, tanto europeos como anahuacas del Siglo XVI, consultaban a los brujos u hombres de conocimiento.

“La cosa hizo crisis cuando la magia intervino, también de parte de los españoles, pues Botello “al parecer muy hombre de bien y latino, y había estado en Roma, y decían que era nigromántico, otros decían que tenía familiar, algunos lo llamaban astrólogo…”, y cuya autoridad era indiscutible a partir de lo que de Cempoala dogmatizó que o salían una precisa noche, o no saldrían jamás… Cortés no pudo contrarrestarla, pues cuando quiso oponerse, se topó con una rebelión en toda regla de sus capitanes”. José Luís Guerrero. 1990.

Cortés y su banda de delincuentes salieron en sigilo la noche del 30 de junio de 1520 en medio de una impresionante tormenta, que permitió no ser escuchados. Tomaron la calzada en dirección a Tlacopan (Tacuba). Los españoles venían literalmente forrados de oro y plata, además de sus

escasas armaduras. Al llegar al canal Tolteca—Acaloco, unas

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