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La escena resulta más que emblemática y simbólica de lo que fue la conquista europea. Imagínese, amable lector, a esos hombres: codiciosos, asesinos y ladrones. Sin mayor educación y preparación, en una expedición de saqueo, frente a una cantidad de oro que, nunca un rey europeo hasta ese momento había visto junta.

Lo más cercano a esta escena en nuestros días pudiera ser, un jefe de un cartel del narco con sus secuaces, en una casa de seguridad, ante millones y millones de dólares en billetes. Los sentimientos y fantasías de esos delincuentes debieron sacarlos totalmente de su precaria realidad.

DUEÑOS, AMOS Y SEÑORES DE TENOCHTITLÁN.

Después del discurso de Moctezuma, Cortés queda como el dueño absoluto de México-Tenochtitlán y máxima autoridad de sus señoríos tributarios. Toma prisionero a Moctezuma, su familia y a su séquito. Moctezuma es humillado al ponérsele grilletes y cadenas, hasta ese momento había recibido a Cortés como embajador de Quetzalcóatl y la acción rompió todo protocolo en el milenario mundo del Anáhuac. Cortés piensa, equivocadamente, que Moctezuma es “un rey o un emperador” tipo europeo. No entiende el Sistema de Cargos milenario del Anáhuac, y cree que teniendo prisionero a Moctezuma, él tiene el control de “todo el Anáhuac”, cosa que no era cierto: porque Moctezuma era solo el Tlatoani que podía ser removido por el Tlatócan, como sucedió más tarde, y los aztecas tenían un pequeño y relativo control del Anáhuac. Cortés se dedica a saquear el palacio del padre de

Moctezuma, donde había sido hospedado, hasta que encuentra el llamado “Tesoro de Axayácatl”.

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