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PROEMIO.


Uno de los deberes mas inexcusables del Gefe de un Estado es hacer respetar los títulos de soberania del pais que preside, conservar la integridad de su territorio, mantenerlo en el goce de todos sus privilegios. Cualquier descuido en la defensa de estos derechos, lo haria bajar del puesto eminente á que lo han elevado los sufragios de sus conciudadanos, y entregaria su nombre al desprecio y á la maldicion de la posteridad.

Cuan distinto hubiera sido el resultado de las guerras que han asolado el mundo, si todos los gobiernos, penetrados de este deber, se hubiesen resistido al espíritu de conquista que los amagaba! Sin buscar en los tiempos pasados lo que puede la firme resolucion de un pueblo decidido á no dejarse arrebatar su independencia, nos bastaria recordar la heroica oposicion de los Españoles á los ejércitos que los habian agredido, cuando las demas potencias se humillaban ante el genio y el poder del Gran Capitan de la Francia.

Uno de los mayores peligros que corren las naciones, esta ambicion de sus vecinos que, cuando no enciende de pronto la guerra, la prepara; y hace inevitable, aunque á veces sin provecho para ellos mismos. Y sin embargo tan seductora es para algunos la idea de ensanchar los límites á que deberian circunscribirse, que sin detenerse en las enemistades que provocan, ni en los males que causan, se lanzan, con una audacia incomprensible, á empresas que ni pueden justificar con razones, ni sostener por la fuerza. Entretanto estas tentativas malogradas alteran las buenas relaciones que tanto importa conservar entre estados amigos, inspiran re-

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