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es decir, de lo admirable y perfecto, pues sólo teniendo éste puede brotar aquél, como negación y contraste del mismo.

Así se explica tambien que muchas veces haya que buscar en las lágrimas la fuente de la sonrisa, y que nuestro poeta dijera, con harta razón, dirigiéndose al gran satírico español, á Quevedo, en el soneto que le consagra:

De las amargas olas de tu llanto
Brotaron las espumas de tu risa,
Y hoy no distingue el ánima indecisa
Lo que es en tí gemido y lo que es canto.

El mismo pensamiento asalta la mente muchas veces al recorrer las páginas del Hidalgo Manchego, y otro tanto podria decirse, por consiguiente, del portentoso autor de dichas páginas.

La estrecha relación que existe entre la risa y el llanto, nos dice cómo Palacio, siendo como es un gran satírico, puede ser y sea no ménos grande en el género elegíaco. Á la verdad, el carácter que distingue el fondo de sus poesías sérias, si no todas, la mayor y mejor parte, no es otro que el tinte, ya de tristeza, ya de