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Al lector


Vistas las cartas anteriores, el lector discreto no reputará como demasía de mi parte el que escriba estas líneas. Fue un deseo del poeta, y ese deseo es para mí tanto más sagrado cuanto que hace pocos días tuvimos la desdicha de perder a Lisímaco Chavarría, fallecido el 27 del mes último en su ciudad natal, San Ramón.

Había pensado en tiempos mejores, aprovechar las páginas liminares de este tomo para hacer algo de propaganda en favor de la literatura nacional; pero hoy, abrumado de pena por la muerte del autor, me siento incapaz de ese empeño, que dejo para otra oportunidad, y doy paso a los lectores hacia las páginas de este libro, en las cuales encontrará composiciones sencillas y delicadas hechas de reflejos de las bellezas naturales, de la vida de los labriegos, del sol, del aire y del agua de esta región tropical.

Este es un libro íntimo. Un libro que sólo comprenderemos los miembros de la familia costarricense,

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