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EL ENFERMO.

que le aturdió, y cuando volvió en sí, se halló vestido con sus toscos y primitivos vestidos delante de su canasto de pescados.

El cuento no tenía ninguna relación con lo que iba á pasar entre el gato y el pájaro, pero lo cierto es que ese era el cuento que Juan estaba leyendo cuando ocurrió el suceso que vamos á referir y del cual se acordó toda su vida.

La jaula estaba, pues, encima de la cómoda y el gato, agachado en el suelo y encogiéndose, miraba fijamente al pájaro con unos ojos de traidor que estaban diciendo: « ¡Ah pajarito, con qué gusto te comeria! » Juan comprendió ese lenguaje tan mudo como expresivo y gritó al animal: « ¡Zape, marcha de aquí! ¡pronto! »

Pero el gato, sin obedecer esta órden, bajó la cabeza y se preparaba á saltar. Juan no podia echarle y sólo tenía, para ahuyentarle, su querido libro de cuentos. Viendo el peligro en que se hallaba el pinzan, no titubeó en arrojarlo á la cabeza del gato, pero el tomo, á fuerza de hojearlo, tenia descosidas las hojas que se desparramaron, al caer, y ninguna tocó al animal. Este se ladeó un poco en ademan de reflexionar como quien dice: « Juan, no tengo miedo de ti, porque. no puedes ni andar ni saltar y yo hago lo uno y lo otro; así pues, no me impedirás de hacer lo que quiera.•