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V.—EL ASALTO NOCTURNO

VAN-STAEL era un marino valiente y un hombre de gran energía, y la tripulación no lo ignoraba. Profundo conocedor de los hombres de raza amarilla, sabía que la más pequeña debilidad de su parte podría serle funesta, comprometiendo el éxito de la empresa que tan felizmente habían comenzado.

Su actitud resuelta produjo excelente efecto en la tripulación, turbulenta por naturaleza, pero también muy cobarde. Los pescadores fueron los primeros en ponerse al trabajo, imitándoles los preparadores, los cuales encendieron las fornallas; pero ni unos ni otros trabajaban con la diligencia de los días precedentes.

El miedo los tenía cohibidos, y a no ser por la persuasión en que estaban de no ser Van-Stael hombre que pasara por movimiento mal hecho, no habrían tardado en refugiarse en el junco, abandonando el trépang que se oreaba bajo los toldos.

A pesar de la activa vigilancia del Capitán, del Piloto y de los dos jóvenes, cambiaban entre ellos rápidas palabras, señalando la altura donde habían visto brillar el fuego misterioso, y echaban ojeadas temerosas

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