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UN DRAMA EN LA PECERA

Luisa. —¡Qué pena! Nuestros pececitos rojos no se mueven; deben estar muertos. ¿Qué habrá ocurrido?

Juan. — Pongamos la pecera sobre la mesa para ver si hay algo en el agua que pueda haber cau- sado la muerte de estos pobrecitos.

Lía. —De hambre no deben haber muerto, por- que veo algunas lombrices en el fondo. Pero ob- serven; los pececillos empiezan a agitarse.

Luisa. —¡No estaban muertos! ¡Qué suerte!

Juan. — ¿Qué habrá sido lo que los tenía así?