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LAS MIL Y UNA NOCHES,

mon, hijo de David, de quien se cuenta que es un profeta; es un rey poderosísimo, señor del cielo, de los hombres, de los pájaros, de los cuadrúpedos, del aire y de los jenios; entiende el lenguaje de las aves como el habla de las jentes; exhorta á todos los hombres á creer en su Señor. Enviémosle, óh! rey, en tu nombre una embajada para pedirle lo que con tanto afan estás deseando. Si su creencia es la verdadera, será su Dios bastante poderoso para concedernos á ti y á mi unhij0 ó una hija; y si así fuere, tú y yo abrazarémos su fe y adorarémos á su Dios; si esta prueba no nos salíere bien, tendrémos que armamos de paciencia y pensar en otros arbitrios.»

Al llegar aquí , advirtió Cheherazada que asomaba el día; así que, calló y á la noche siguiente continuó así:

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NOCHE CCXXXVI.

El rey dijo: «Tu consejo es muy cuerdo y tus palabras consuelan mi corazon; pero ¿dónde hallarémos un mensajero adecuado para tan importante embajada? Pues se trata, no de un rey como quiera, sino de un gran potentado; mucho importa que el enviado sea como corresponde, y no quisiera que otro que no fueras tú se encargara de tamaña mision, pues tu eres viejo y prudente. Así que deseara que tú mismo te tomaras ese trabajo, como que te va á ti lo mismo que á mi; con que anda á verle y pídele remedio, quizás nos venga por su medio.» Contestóle el visir: «Tu voluntad es para mi un mandato. Pero ten ánimo, sube á tu solio, y reune en torno de ti á los principes, á la grandeza de tu reino, á las tropas y á tu pueblo; pues todos se han despedido con corazon atlíjid0; y yo entretanto no quiero tardar en emprender la marcha en busca de aquel gran rey.» Oidas estas palabras, levantóse el rey, subió al solio, y el visir mandó al maestre de ceremonias que llamase á las jentes para que volviesen á visitar al rey. Luego llegaron todos, pala-