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LA LLUVIA DE FUEGO



EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA



Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno del hormigueo popular en las calles atronadas de vehículos. Un día asaz cálido y de tersura perfecta.

Desde mi terraza dominaba una vasta confusión de techos, vergeles salteados, un trozo de bahía punzado de mástiles, la recta gris de una avenida...

A eso de las once cayeron las primeras chispas. Una aquí, otra allá—partículas de cobre semejantes á las morcellas de un pábilo; partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el rumor urbano no decrecía. Únicamente los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.

Casualmente lo había advertido, mirando hacia