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AL RASTRO


Trasmontaba el repecho, al caer la tarde, un jinete pensativo. En el descenso, sus hombres nivelábanse paulatinamente con la loma, casi tapados por las alas del chambergo. Así se lo veía de espaldas; mas por el frente, descubríase á un gaucho que regresaba, sin duda, de algún cercano carnaval. El almidón sahumado con albahaca, que las mozas le arrojaron, blanqueaba en su sombrero; y en su golilla roja, trizas de los huevos cargados con agua de olor.

Repercutiendo iban en su oído el eco de los tamboriles con que los jugadores acompañaron sus vidalitas, el son de los elkenchos con que las cornetearon; y éstas escurríanse entre sus bigotes, traducidas por un silbo que poco a poco se transformaba en cantilena.

Blanditos sentía aún en la cintura los brazos de