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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/73

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traccion, que ha sido en pico de flauta, ó de clarinete, y que las dos porciones cabalgan.

—«No comprendo.»—dijo uno de los presentes.—«¿tienes aquí un fémur para que me lo expliques?»

—«Espera un momento.»

Y acercándome á la bolsa de huesos, saqué un fémur, y expliqué al curioso lo que deseaba.

Como era la primera vez que aquel indivíduo tocaba un hueso humano, lo tomó, y, acercándose á un pico de gas, empezó á examinar las impresiones y agujeros de vasos, las estrías de las inserciones y las superficies.

—«¡Pero hombre!»—dijo de pronto—«este hueso lleva escritos los nombres de las partes, porque supongo que las palabras trocánter, cuello anatómico, cabeza, cóndilo, &, le corresponden.»

Sin grande aparato, me acerqué al amigo, y tomando el fémur, lo examiné.

—«En efecto, le corresponden.»

La letra que estaba escrita en aquel fémur era la misma del papel hallado en la cómoda. No había remedio. Era forzoso aceptar que Antonio lo había escrito.