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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/52

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—«He ido á tu casa.»

—«¿A buscarme?»

—«Nó; á averiguar de dónde procedía tu esqueleto.»

—«¡Mi esqueleto!»

—«Bueno; la bolsa de huesos.»

—«¿Y qué te dijeron en mi casa?»

—«Que no sabían nada de tal bolsa; que la única bolsa de que tenían noticia era una de papas que estaba en la cocina.»

—«Es claro.»

—«Ya lo ves, de tal palo tal astilla. Me dejó tan desconcertado la cosa, que me volví á casa sin averiguar más, y arrepentido de lo que había hecho. Pero atiende, no embromes, pues. Díme algo que me apacigüe la curiosidad»

—«¿Qué? ¡No faltaría más! Toma un poco de bromuro de estroncio Estás nervioso y no ves claro. ¿No hubiera sido mejor que, en vez de ir á mi casa. de la cual, por intermedio de mi tarea, te habrian llegado noticias claras, te hubieras dirigido á las Facultades de Medicina de Montevideo, Córdova. y Santiago de Chile?»

—«No hablemos más de esto Desde ahora me morderé los lábios y tendré paciencia. Mi accion ha sido una niñería.»

—«Claro, pues te imaginaste que había alguna relacion entre Antonio Lapas y Nicanor B. Llegaste al punto de pensar que el esqueleto aquel