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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/51

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sidad; pero tu tarea es estéril en el sentido de que se corta al dar el primer paso.»

—«Oye»—interrumpió—«si supieras el mal que me has hecho al iniciarme en una cuestion misteriosa.... »

—«¡Misteriosa! y misteriosa ¿por qué?»

—«Llámala como quieras; pero ya no gozaré de un momento de tranquilidad mientras no saque algo en limpio de este asunto.»

—«¿Quieres hacerte tú cargo de él?»

—«¿Por qué me preguntas eso?»

—«Simplemente porque tu impaciencia es mayor que la mia, y así como has averiguado el nombre del estudiante Lapas, yendo á la casa de donde te enviaron los huesos, ó haciéndolo averiguar por el que te los proporcionó....»

—«Esto último.»

—«Bien: del mismo modo podrías averiguar muchos otros puntos que se relacionan con esto, llegando á alguna conviccion como la que has adquirido hoy.»

—«¿Cuál?»

—«La de que Antonio Lapas no era estudiante.»

—«Me aflije lo que he hecho.»

—«Es que tu afliccion ha de ser mucho mayor, porque seguramente no te has detenido en lo que yo sé que has hecho.»

—«Tienes razon.»

—«Bueno, díme ¿qué has hecho?»