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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/39

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—«Usted no haría semejante cosa.»

—«¿Por qué? Una vez en plena investigacion, las consideraciones se enfrian, y amanece en el espíritu una especie de crueldad serena, que es como la justicia personificada.»

—«A ver otro?»

—«Hacer yo un nuevo retrato, ya que he visto el suyo.»

—«Me rindo; aquí está.»

El fotógrafo atendió nuestro deseo, y nos preparó una tarjeta del tamaño de las comunes. Una vez hecha, se adquirió el negativo, que fué inmediatamente inutilizado.

Y en marcha.

—«¿A que no se acuerda de una cosa?»—pregunté á Manuel.

—«No sé á lo que se refiere.»

—«¿Qué hora es?»

—«Las dos y media.»

—«Y no hemos almorzado.»

—«¡Diantre! tiene razon.»

—«Y ahora vamos á almorzar en la Facultad.»

—«¿En la Facultad?»

—«Dentro de dos minutos.»

—«Y ¿por qué?»

—«Porque allí tienen unos pastelitos de hojaldre muy jugosos y muy nutritivos; ahora lo verá.»

—«¡Pero hombre! parece increible! ¡las dos y media!»